Cuenta Julian Barnes en "El perfeccionista en la cocina", que en una ocasión encontró un error en un libro de cocina, y su mujer le sugirió que llamara a la autora para preguntarle. Barnes, brillante, escribe: “no me sentía capaz de hacerlo. Los médicos temen el
momento en que el vecino de mesa estropea una cena de sociedad cuando,
subiéndose la pernera del pantalón, les murmura: “Le importaría echar un
vistazo a esto?...”.
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