
"Algún día todos los trabajos serán raros", leí hace poco.
La chica de los pasteles abre la puerta del Café Hábaluc, sonríe, y entrega el pedido de la semana: bandejas de tiramisú, dulces de leche, pasteles de crema, tartitas de limón. Charla un ratito con el camarero, y después se va, con su bolsa vacía, con la misma sonrisa, y dispuesta a seguir horneando en casa bocaditos de libertad...