No la vi en un paso cebra, ni toreaba con el bolso un autobús. No llevaba medias negras, ni bufanda blanca, ni minifalda azul.
Sin embargo, había algo en ella y en su aire distraído, que hacía recordar a la chica de Sabina...
Le di mis noches y mi pan, mi angustia, mi risa; a cambio de sus besos y su prisa; con ella descubrí que hay amores eternos, que duran lo que dura un corto invierno... "