Era una anciana elegante, alta, señorial. Tenía una ligera extravagancia que le daba un cierto toque de irrealidad. La encontré esta mañana sentada en la parada del autobús. Estaba haciendo punto con sus dos agujas y un ovillo de lana que salía de su generoso bolso de piel. Al ver a mi niño, le sonrió, le preguntó su nombre, y le ofreció un caramelo. Después, elogió la boina de lana que yo llevaba hoy y me preguntó que de dónde era. Yo le confesé que también me había fijado en el precioso gorrito que lucía ella, tejido a mano, gustoso, y con una flor a modo de broche en un lateral. "Los hago yo", me dijo orgullosa y serena. Íbamos a seguir conversando, pero llegó mi autobús y me tuve que despedir precipitadamente.Mientras la veía alejarse, tras la ventanilla, la seguí mirando aún cautivada por su extraña personalidad, y sentí no haber tenido tiempo para desearle "felices fiestas"...
...Aunque, ¿cómo deseárselas a la mismísima Navidad?
..qué belleza de relato...le encantaría leerlo!!
ResponderSuprimirque lindo mi Lady!! yo si creo que existe, en miles de detalles preciosos, que vivimos día a día.
ResponderSuprimirQu no me falte el tiempo...FELIZ NAVIDAD!
Maravilloso relato ¡maravilloso!
ResponderSuprimirQué maravillosa situación...y que bien contado!
ResponderSuprimirsi, hay gente que tiene algo...
ResponderSuprimirTu historia me hizo sonreir, buena manera de arrancar esta semana pre navidad.
ResponderSuprimirBeso!
Muy bonito y entrañable lady, creo que he recibido de regalo ese mismo gorrito que describes, el mio en realidad es una felpa grande de lana con una flor al lado que queda monisimo...............y que me ha regalado mi madre hecho por ella.
ResponderSuprimirbesos
En el metro o en el autobús, cuantas historias tenemos ahí al lado...
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