Taconeando esta mañana, he descubierto, en Vía Augusta con Brusi, el café Sandwichez. Un espacio de estructura industrial (techos altos, lámparas de acero y varios niveles de planta), con suelos y mesas de madera envejecida, de esos que, una vez los he visto, no dejan que me escape sin entrar a tomarme un café y un croissant. En sus mantelitos de papel, entre otras cosas, está escrito: "nos han dicho que nuestro ambiente recuerda al de Londres o NY, pero nuestras sillas son de la Bisbal del Ampurdán". Sentada en una de esas sillas de hierro (cada una está pintada de un color diferente y tiene un encantador aire entre oxidado y vintage), tomo el pulso a la ciudad, mientras desenfundo el cuadernito que siempre me acompaña. Me vienen a la memoria pasajes de"Ventanas de Manhattan", que Antonio Muñoz Molina escribió, tras ventanales probablemente similares a éstos, allende el Atlántico.
Lugares para escribir, para leer, para observar.
Lugares para saborear la vida.