Dos diseñadoras, blogueras. Eran seguidoras una de la otra y la otra de la una en la blogosfera. Comentaban a diario los posts que colgaban en sus respectivos blogs y los diseños que iban creando y mostrando día a día. Se hacían bromas, compartían inquietudes y se deseaban buen fin de semana.
Se organizó un evento de diseño. Ambas participaron. Se identificaron en la distancia, aunque sólo por el nombre, ya que no se conocían físicamente. Dudó una, lo pensó la otra. En varias ocasiones intentaron acercarse a saludar personalmente a la conocida virtual y desconocida real. No se atrevieron.
Decidieron, quizá, que su amistad habitaba en un mundo diferente con sus propios códigos y no tuvieron valor de exponerlos a un mundo demasiado real, demasiado directo, demasiado exento de pantallas tras las que protegerse...