
Iba a diario a su trabajo, pero no hablaba con nadie. No llevaba mucho tiempo en la oficina y apenas cruzaba unas palabras con sus compañeros. Cuando aquel chico, al final de un mail de trabajo, le preguntó un día si había visto una cierta película, se sintió como si alguien descubriera un velo y la sacara de su invisibilidad.
Y fue feliz.