
La cafetería del club suizo tiene muebles de madera clara y luminosa y funcional decoración en blanco. Ventanales a la calle, y una pizarra de sugerencias que propone chocolate a la taza, panes integrales o bratwurst de St. Gallen.
El café suizo está en la ciudad, pero cuando entras a desayunar en él, desaparecen las fronteras y, de repente, como por arte de magia, parece que te encuentres en cualquier café de Zürich o de Basilea...