
Siempre me ha gustado ver los cuadros del pintor estadounidense Liechtenstein. Su obra está inspirada en la era de consumo de los felices años americanos de la posguerra mundial, y sus retratos están sacados directamente de la publicidad y los cómics. Pero, al no existir burbuja de texto en sus dibujos, siempre dejan en la mente del que los observa la incógnita de qué les está sucediendo a sus personajes.
Un crítico dijo sobre su obra: "las pinturas tratan sobre la idea de algo, más que sobre ese algo mismo, y es eso lo que las hace universales”.