
Hace unas semanas, The Sartorialist publicaba la foto de una limpiadora guapísima que había cautivado la atención del fotógrafo, consiguiendo, con ello, un lugar de honor entre los cotizados retratos del prestigioso blog.
Este mismo verano, conocí a otra cenicienta moderna, limpiadora del hotel de mis vacaciones, cuya belleza y estilo personal brillaban con la serenidad de la elegancia innata. Cualquier príncipe que la hubiera visto caminar, le habría propuesto, irremediablemente, que la acompañara al baile...