
Vacaciones. Paseo por el mercadillo de Teguise, en Lanzarote, y disfruto del placer de contemplar los puestos repletos de objetos bellos y especiales, hechos con el cariño de la mano de los artesanos. Al comprar unas pulseras, hablo con la señora italiana que las hace, y que se dedica en exclusiva a ello. Le pregunto si vive todo el año en la isla, y si sólo con su trabajo y sus diseños puede vivir. Me contesta que sí, a pesar de alguna temporada baja. Sonrío y la miro. Y después la admiro. Parece feliz.
E intuyendo la sencillez que la rodea, me pregunto si los urbanitas no estaremos haciendo algo mal en nuestras vidas…