
Paseo por Málaga, ciudad de la luz, de la gente abierta y amable, del sol radiante. Me siento en la cafetería Lepanto, en la calle Larios. Disfruto de este ratito de vida y de retazos de felicidad. Los camareros son como los de antes, de oficio, con su uniforme, pajarita negra y sonrisa siempre dispuesta. Los clientes, los turistas de toda la vida, jubilados centroeuropeos coloradetes tras el implacable tueste al sol.
Las tostadas son pitufos y el cafelito… con leshe.