
Dominique tiene una casa rural al norte de Lanzarote. Se fue de Francia hace quince años, y empezó a regentar este hotel con encanto en su nueva vida. Cambió el frío invierno de Nancy por el verano eterno de las Canarias. En lugar de las cuatro paredes de su piso de ciudad se rodeó del azul del océano, el risco de Famara y la isla de la Graciosa. Se hizo amiga de los volcanes y del viento y aprendió a cocinar papas arrugás y mojo picón.
Me pareció que no tenía ninguna intención de volver…