
"Se ha dicho que la cocina japonesa no se come sino que se mira; en un caso así me atrevería a añadir: se mira, pero además se piensa! Tal es en efecto el resultado de la silenciosa armonía entre el brillo de las velas que parpadean en la sombra y el reflejo de las lacas (…) Si la comida japonesa se sirve en un lugar demasiado iluminado en una vajilla predominantemente blanca, pierde la mitad de su atractivo".
“El elogio de la sombra”, Junichiro Tanizaki.