
Está sentado en una mesa, al fondo de la cafetería. Su hija de un año, en el carrito, junto a él, comiendo una galleta. Aprovechando ese minuto de tranquilidad se ha sumergido en la lectura de un periódico y su cabeza casi se funde con sus páginas, tanto es el afán por exprimir al máximo esa pequeña pausa que su pequeña le ha concedido, y tanto es el sueño que acumula. Sabe que la niña se puede poner a llorar o gritar en cualquier momento. No se atreve ni a mirarla de reojo. Cuando su mujer acabó la baja maternal él se ofreció a quedarse con la niña unos meses… ahora no ve la hora de que empiece a ir a la guardería. Escrúpulos? Ningunos. Ojeras? todas. Sueño? Infinito. Galletas? No quedan más!!!!!!!!!
Fin de la tregua.