
Maite tiene 51 años. La conocí en un parque infantil. Iba con sus dos hijos, mellizos, a los que tuvo, hace ahora 3 años por fecundación in vitro, y con posterioridad a la muerte, súbita e inesperada, de su marido. Tras encajar como pudo el duro golpe, Maite se echó la pena a las espaldas y continuó con su proyecto, y también con la idea de irse a vivir al Cabo de Gata, tal como había planeado con él antes de su muerte.
Hoy vive allí con sus dos niños, junto al Faro. Y fue en el silencio y en la verdad desnuda de ese lugar, donde Maite encontró el aliado a su altura para acompañarla en el nuevo renacer.