
El amanecer de aquel día me encontró conduciendo, en un viaje placentero y solitario, desde Córdoba a Granada. Disfruté del paisaje de olivos, verde, generoso, familiar, que me conducía suavemente hacia la vega, y finalmente a las estribaciones de Sierra Nevada. La reunión era en la sede de la Caja General de Granada, un cubo de arquitectura colosal, con reminiscencias Van der Rohe. En la cafetería, al llegar, encontré el deje granaíno y el ambiente de compadreo de oficina que es propio en estos lugares de trabajo, con su correspondiente lucimiento de cuerpos y pequeñas vanidades, de rumores, confidencias y charlas en torno a una tostada con aceite y un café bombón.
Andalucía Oriental. Cercana, distendida, amistosa. Vital.