
Nunca vi tantas mujeres bien despeinadas como en París. Paseando por sus calles observé que las francesas tienen una habilidad especial para hacerse recogidos, moños o trenzas con horquillas, pinzas o pasadores que esconden o colocan con un arte inusitado. De manera sensual dejan caer algún mechón, con apariencia descuidada.
Las armas de mujer han encontrado en las cabelleras francesas un nuevo lugar en el que reinar.
Y no hay nada más seductor...