
Hace unos días, un cliente de la cafetería en la que me encontraba, le dijo a la camarera, alegremente, mientras salía del local: "hasta luego, el café sigue siendo la hostia!".
Me pareció que ese señor había entendido el verdadero espíritu de la Navidad: reconocer las cosas pequeñas, bonitas y agradables que surjan en nuestro camino; practicar la gratitud y hacer felices a los demás con cosas sencillas.
(La camarera, y todos los que estábamos allí, sonreímos).